Quise ponerme de pie, brincar la mesa y tirarme encima de él como cuando estábamos juntos. Quise decirle que lo amaba, babearle la boca y pasar mi mano por encima de su pantalón, como tantas veces hice durante aquellos años. Quise decirle Sí, tienes razón, nunca te he olvidado, Sí, sigues en mis sueños... pero no me atreví.
Me pregunté qué finalidad tendría decirle eso ahora, mentirle así justo ahora, si ya tenía todo lo mío: un esposo, una casa que decoré durante años con mucho amor, mi perro, un revólver, un megane y la mont blanc con la que firmé el título universitario y mi acta matrimonial. Era completamente feliz.
La verdad es que yo ya no lo necesito, para nada en realidad, pero mi mente vuela y sé que el rencor es lo único que hay, lo único que permanece entre él y yo.
Miré su cabello rizado y ahora más cano que la última vez que nos vimos. Sus ojos, más tristes que de costumbre, buscando incansables los míos y su rostro, más devastado que Japón luego de un ataque de Godzilla, con esa apariencia de cansancio que sólo se logra con la vejez.
Entonces soy consciente de todo.
-¿Recuerdas el libro que publiqué en el gobierno?- me dice.
-Sí.
-Pues ya voy a publicar otro. Es la historia de una chica a la que le gusta desnudarse para que la fotografíen y que está enamorada de un tipo malo que roba minisúpers. Muy malo el tipo... como esos personajes que no te gustaba que escribiera.
Lo observo y le doy un sorbo al té de vainilla.
Entonces vuelvo a pensar en aquella noche, hace tantos años, en la cual me dijo eso que yo no quería oír, y vuelvo a escuchar su voz diciéndome Yo sé que esto es lo que tú querías. Y vuelvo a sentir mis lágrimas cayendo y el corazón golpeándome el pecho ya roto, ya inservible. Recuerdos. Todo el odio.
-Voy a pagar- dice luego de unos minutos.
-No te molestes, yo invito. Siempre me gustó venir a este lugar contigo. Me gusta estar aquí contigo ahora.
-¿De veras?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque te amo -le digo-. Te sigo amando. Siempre has sido y serás el único. No te he podido olvidar.
Y entonces sello la frase con un beso, mientras paso suavemente mi mano por encima de su pantalón.