viernes, 16 de diciembre de 2011

Odio








Quise ponerme de pie, brincar la mesa y tirarme encima de él como cuando estábamos juntos. Quise decirle que lo amaba, babearle la boca y pasar mi mano por encima de su pantalón, como tantas veces hice durante aquellos años. Quise decirle Sí, tienes razón, nunca te he olvidado, Sí, sigues en mis sueños... pero no me atreví. 


Me pregunté qué finalidad tendría decirle eso ahora, mentirle así justo ahora, si ya tenía todo lo mío: un esposo, una casa que decoré durante años con mucho amor, mi perro, un revólver, un megane y la mont blanc con la que firmé el título universitario y mi acta matrimonial. Era completamente feliz. 


La verdad es que yo ya no lo necesito, para nada en realidad, pero mi mente vuela y sé que el rencor es lo único que hay, lo único que permanece entre él y yo.


Miré su cabello rizado y ahora más cano que la última vez que nos vimos. Sus ojos, más  tristes que de costumbre, buscando incansables los míos y su rostro, más devastado que Japón luego de un ataque de Godzilla, con esa apariencia de cansancio que sólo se logra con la vejez.


Entonces soy consciente de todo.


-¿Recuerdas el libro que publiqué en el gobierno?- me dice.
-Sí.
-Pues ya voy a publicar otro. Es la historia de una chica a la que le gusta desnudarse para que la fotografíen y que está enamorada de un tipo malo que roba minisúpers. Muy malo el tipo... como esos personajes que no te gustaba que escribiera.


Lo observo y le doy un sorbo al té de vainilla.


Entonces vuelvo a pensar en aquella noche, hace tantos años,  en la cual me dijo eso que yo no quería oír, y vuelvo a escuchar su voz diciéndome Yo sé que esto es lo que tú querías.  Y vuelvo a sentir mis lágrimas cayendo y el corazón golpeándome el pecho ya roto, ya inservible. Recuerdos. Todo el odio.


-Voy a pagar- dice luego de unos minutos.
-No te molestes, yo invito. Siempre me gustó venir a este lugar contigo. Me gusta estar aquí contigo ahora.
-¿De veras?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque te amo -le digo-. Te sigo amando. Siempre has sido y serás el único. No te he podido olvidar.


Y entonces sello la frase con un beso, mientras paso suavemente mi mano por encima de su pantalón.






domingo, 11 de diciembre de 2011

Otrora feliz




"Sueño
y vuelvo
y el silencio
responde
entre 
llamas
y sueño
y el volver
llama
al ensueño"


Vuela el recuerdo y se anida en ese viejo lugar
detrás del dolor que ahora sabe a
noches dulces
besos bajo la lluvia
domingos en bicicletas
letras en nuevas tintas
a ti.

Vuela el recuerdo y se anida en el mar
aquel en el soñamos
al que fuimos a ver
el atardecer.

Vuela el recuerdo y no lo encuentro
ha volado
se ha ido
ha desaparecido
y en su lugar
queda la soledad,
insomne tortura de
aquel que ha amado
y todo lo ha perdido.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Tiempo

Siempre medí el tiempo 
en la medida equivocada y
hoy que lo necesito en 
la correcta, es demasiado tarde.

Sí.

Cambio a toda esta familia
por un segundo con vos...

sábado, 3 de diciembre de 2011

A mí no me enseñaron a escribir...








A mí me enseñaron a soñar  los vientos del norte.
Me enseñaron a soñar las calles oscuras, los sonidos estridentes, las noches soleadas.
Me enseñó a soñar el Golfo, los suspiros, los grandes edificios, el smog de la gran Ciudad.
Y la gran Ciudad.
Me enseñaron a soñar los besos atrevidos en las calles del Centro, los domingos en bicicleta, los taquitos de barbacoa, el té verde.
Me enseñó a soñar la Ciencia, la Lingüística, la Literatura, las imágenes que volaban por mi cabeza.
Me enseñaron a soñar las máquinas mágicas de imágenes.
Y Xochicalco, y Tlaxcala, y Puebla, Y el atardecer en la Torre Latino.
Los regaños, mi abuela.
Mis amigos, las borracheras en el sillón verde, en  el lobo estepario, en la azotea, en Xochimilco, en navidad, en  las carnes asadas, en el Elite, en el suspiro echado a volar en el Bellini.
Me enseñaron a soñar las noches de frío, tirados en el piso, con un gato merodeando, con unos brazos que me abrazaron y no me quisieron.
Me enseñaron a soñar esas 7 semanas, esos 2 años, esa eternidad contigo y sin ti.
Me enseñaste a soñar tú que lees, él que escucha, ella que canta.
Me  enseñó a soñar  Dulce,
Jairo
Viviana
Raúl
Pedro
Ferenk
Leonardo
Verito
Daniel
Rafis
Ita
Gerry
Todos
Nadie
Me enseñó a soñar la soledad –esa que hoy vuelve paulatina a mí-
Me enseñó a soñar el amor  -ese que hoy se va paulatino de mí-
Lo que no me enseñaron fue a dejar de soñar
A saber que los sueños
Sólo eso son.