A mí me enseñaron a soñar
los vientos del norte.
Me enseñaron a soñar las calles oscuras, los sonidos
estridentes, las noches soleadas.
Me enseñó a soñar el Golfo, los suspiros, los grandes
edificios, el smog de la gran Ciudad.
Y la gran Ciudad.
Me enseñaron a soñar los besos atrevidos en las calles del
Centro, los domingos en bicicleta, los taquitos de barbacoa, el té verde.
Me enseñó a soñar la Ciencia, la Lingüística, la Literatura,
las imágenes que volaban por mi cabeza.
Me enseñaron a soñar las máquinas mágicas de imágenes.
Y Xochicalco, y Tlaxcala, y Puebla, Y el atardecer en la
Torre Latino.
Los regaños, mi abuela.
Mis amigos, las borracheras en el sillón verde, en el lobo estepario, en la azotea, en
Xochimilco, en navidad, en las carnes
asadas, en el Elite, en el suspiro echado a volar en el Bellini.
Me enseñaron a soñar las noches de frío, tirados en el piso,
con un gato merodeando, con unos brazos que me abrazaron y no me quisieron.
Me enseñaron a soñar esas 7 semanas, esos 2 años, esa
eternidad contigo y sin ti.
Me enseñaste a soñar tú que lees, él que escucha, ella que
canta.
Me enseñó a
soñar Dulce,
Jairo
Viviana
Raúl
Pedro
Ferenk
Leonardo
Verito
Daniel
Rafis
Ita
Gerry
Todos
Nadie
Me enseñó a soñar la soledad –esa que hoy vuelve paulatina a
mí-
Me enseñó a soñar el amor
-ese que hoy se va paulatino de mí-
Lo que no me enseñaron fue a dejar de soñar
A saber que los sueños
Sólo eso son.

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