sábado, 3 de diciembre de 2011

A mí no me enseñaron a escribir...








A mí me enseñaron a soñar  los vientos del norte.
Me enseñaron a soñar las calles oscuras, los sonidos estridentes, las noches soleadas.
Me enseñó a soñar el Golfo, los suspiros, los grandes edificios, el smog de la gran Ciudad.
Y la gran Ciudad.
Me enseñaron a soñar los besos atrevidos en las calles del Centro, los domingos en bicicleta, los taquitos de barbacoa, el té verde.
Me enseñó a soñar la Ciencia, la Lingüística, la Literatura, las imágenes que volaban por mi cabeza.
Me enseñaron a soñar las máquinas mágicas de imágenes.
Y Xochicalco, y Tlaxcala, y Puebla, Y el atardecer en la Torre Latino.
Los regaños, mi abuela.
Mis amigos, las borracheras en el sillón verde, en  el lobo estepario, en la azotea, en Xochimilco, en navidad, en  las carnes asadas, en el Elite, en el suspiro echado a volar en el Bellini.
Me enseñaron a soñar las noches de frío, tirados en el piso, con un gato merodeando, con unos brazos que me abrazaron y no me quisieron.
Me enseñaron a soñar esas 7 semanas, esos 2 años, esa eternidad contigo y sin ti.
Me enseñaste a soñar tú que lees, él que escucha, ella que canta.
Me  enseñó a soñar  Dulce,
Jairo
Viviana
Raúl
Pedro
Ferenk
Leonardo
Verito
Daniel
Rafis
Ita
Gerry
Todos
Nadie
Me enseñó a soñar la soledad –esa que hoy vuelve paulatina a mí-
Me enseñó a soñar el amor  -ese que hoy se va paulatino de mí-
Lo que no me enseñaron fue a dejar de soñar
A saber que los sueños
Sólo eso son. 

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